miércoles, 19 de febrero de 2020

Carta para mi Hijo


El amor que te tengo es incondicional. No hay nada que puedas hacer para que te ame más, porque mi amor por ti es completo. Tampoco hay nada que puedas hacer para que te ame menos... no puedo amarte menos, porque te amo sin condiciones, sin exigencias, sin requisitos. Te amo por quién eres, y tu sonrisa en los ojos alegra mi corazón como nada en este mundo.

Cuando ríes, mi alma ríe contigo, y cuando lloras, mi corazón se entristece. En mí, siempre tendrás una aliada.

Lo que más deseo en este mundo es que vivas una vida llena de fuerza y felicidad. Que seas responsable de tus propias acciones, que seas honesto. Recuerda que toda acción tiene sus consecuencias... pero aun así, cuando te equivoques, siempre podrás volver a levantarte y continuar caminando. Fallar no te convierte en “menos”, y continuar y rectificar te convertirá en “grande”. Ama a Dios con todo tu corazón, y Él te guiará por un camino hermoso, de paz y de seguridad.

En las tormentas que te traiga la vida, no desesperes. La luz es más fuerte que la oscuridad. No dejes nunca de soñar y de esperar lo mejor. Son los que no esperan nada los que no reciben nada.

Sobre todo, vive sabiendo que naciste amado... y que vivirás, siempre, siendo amado.

Tu madre.

Queridos hijos,

Escribo esta carta porque he sentido la necesidad de expresar todas las emociones que inundan mi corazón cuando pienso en cada uno de mis hijos.

Ustedes son mi más preciado tesoro, lo que más valoro en esta vida. Cada uno, por igual, es una parte de mí, un pedazo de mi corazón.

Me llena de orgullo ver en lo que se están convirtiendo. Me gusta verles crecer y madurar, algo por lo que mi corazón se hincha de alegría.

Me llena de orgullo poder decir que con cada experiencia nueva y cada desafío nuevo... veo cómo, al final, mis propios hijos son capaces de conquistar y salir salir vencedores de toda situación que afrontan.


Me llena de asombro ser parte de este milagro de la vida. Mis hijos son una parte de mí, y sin embargo cada cual de ellos es diferente y único... Queridos hijos, sé que cada uno tiene sus propios anhelos indificuales. Sé que cada cual tiene sus fortalezas y debilidades, diferentes y únicas todas ellas. No quiero caer en el error de comparales o equiparales. Que Dios me dé sabiduría para comprender que cada uno de los corazones de mis hijos palpitam a su propia manera ya su propio ritmo.

Me llena de alegría poder formar parte de sus vidas, de poder ser esa mujer fuerte que está y estará para sus hijos en cada etapa de sus vidas.

Hijos míos, están llenando mi vida de risas, y no me acostumbro: hay momentos en los que parece que el mundo se detiene, y mis ojos se agrandan al contemplar sus sonrisas y ojos que brillan con la emoción de estar vivos...

Doy gracias a Dios
por haberme dado mi mayor tesoro,
mis hijos.

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